Sin lÃnea y sin palabras
Sobremesa sentada con mi portatil frente a la ventana (con reja y todo, y con albahaca) con vistas al patio.
No es mi ventana ni mi patio, pero como si lo fueran, pues estoy allà donde la puerta siempre está abierta para los que tienen hambre, frÃo o demasiado calor, para una ADSLless como yo que además lleva toda la semana con bajones de ánimo y de agotamiento, sin siquiera ganas de escribir.
A pesar del asilo (que agradezco infinitamente), es muy duro despertarse por la mañana y no poder conectar o llegar por la noche a casa, de donde sea y tener la ventana al mundo cerrada, a cal y canto y no poder hacer nada. Mi casa ya no es mi casa, es una cueva varada, perdida y ciega.
Pero ahora estoy aquÃ, en el refugio de las naves perdidas, después de un arroz delicioso y buen café, y rodeada de ternura. El patio es diferente. Más andaluz, estamos al nivel del suelo, con plantas, vecinas escandalosas que pasan y saludan y un piano de fondo. Aquà no se nota el calor sofocante de la calle. Hay mucha, mucha paz.
Leemos la sutil, imperdonable y denunciable incitación al odio de Periodista Digital, que no se merece ni este enlace y que nunca más volveré a leer. Para mà esta página que hasta ahora siempre estaba en mi navegador ha dejado de existir gracias a un artÃculo cruel en un momento lleno de dolor para todos, en el que a parte de la solidaridad debe primar el análisis y el sentido común, lo que quiere decir no comentar desde un medio de comunicación la conveniencia de medidas no sólo enormemente racistas e injustas sino claramente contraproducentes si lo que queremos es que esta guerra acabe algún dÃa.
Creo que estamos de acuerdo con David. Yo al menos, lo estoy.
Feliz domingo a todos.



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