Brindis amarillo
Después de un jueves con más problemas de conexión (yo siempre con lo mismo, lo sé) y con el cibercafé cerrado por la Santa Semana, he vuelto, para leer acerca del triunfo de los lazos amarillos con la caÃda del regimen del presidente Ansar, digo Askar (ups, perdón por el lapsus) Akáyev, que se subió en un avión con el rabo entre las piernas sin saber muy bien si llorar primero en el hombro de Moscú o en el de Kazajistán, por el que se decidió finalmente. Coincido con Pere, tendrÃamos que estar en la calle brindando, de amarillo y rosa, hasta que lleguen los siguientes colores de la siguiente explosión de libertad. Después he leÃdo a Tetsuo (genial como siempre) y como dice en el último párrafo, hay mucho, mucho por hacer, pero soy optimista porque a pesar de los factores en contra (que son muchos), nuestra araña es no solo más fuerte cada dÃa sino también más venenosa. Que tiemblen los que siguen de rositas, pues este espÃritu se ha demostrado efectivo,contagioso e imparable. Eso sÃ, aquà en España seguimos oyendo lo mismo: silencio y silencio, la más vergonzosa y absurda indiferencia hacia el triunfo del 13M reconocido en la Cumbre del Club de Madrid y que deberÃa ser reconocido y ensalzado ahora más que nunca. Esta ceguera colectiva cabrea, indigna y aumenta las ganas de coger la mochila y salir rumbo a Bielorusia, Túnez o donde sea. Aparte de procesiones y elecciones autonómicas, el mundo cambia para el bien de todos y ¿qué tenemos? Un volumen alarmantemente bajo. No lo entiendo.


