Cuando vuelo sobre el litoral
Todo iba tan rápido, que el hombre que iba a los entierros tenÃa que correr mucho para seguir en el mismo sitio. Era agotador. Pero era feliz y se sentÃa en su sitio hasta que aquel profesor de francés envidioso y malvado lo mató a tiros por una razón que ambos se llevarÃan consigo.
Pero esa es otra historia. En el planeta enano de los prados verdes, donde no habÃa hobbits, ni elfos, ni golfistas, el mar revuelto salpicaba las paredes de las casitas azules donde los éxters disfrutaban de banda ancha con vistas al azul infinito. Los scanners sólo estaban programados para llorones, impostores y monoteistas radicales.
A los fantasmas de otros mundos les gustaba aparecerse por allà y algunos se quedaban, como el hombre que iba a los entierros que allÃ, ya muerto y más relajado preferÃa ir a inauguraciones de nuevos centros de negocios, donde no tenÃa por qué ir de negro y además ponÃan temas de Rita Pavone y daban canapés.
Pero ese fantasma tampoco importa mucho ahora. Se quedó en el planeta enano como se quedaban todos los que como él tenÃan la oportunidad y sobre todo aquellos que decidieron dejar la lucha infinita para construir
Mi patria no es el mundo;
mi patria no es Europa;
mi patria es de un almendro
la dulce, fresca, inolvidable sombra.



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