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El Mar

Quizás porque mis padres me llevaron cada verano a la costa desde que cumplí un año o quizás porque en otra vida fui ‘Dorada’ o Erizo de Mar, siempre he necesitado mi dosis de Mar cada ciertos meses, sintiendo hasta en el tuétano los síntomas de cualquier síndrome de abstinencia que se precie. Málaga y Pontevedra fueron muchos años los puntos de acceso. De un tiempo a esta parte, cualquier sitio mínimamente agradable donde la tierra se encontrara finalmente invadida por el gigante líquido.

Hasta ahora, mi experiencia con las islas había sido lejana y/o escasa y la dosis habitual de Mar se había caracterizado por encuentros ansiosos que si las condicionen lo permitían, solían consistir en meterme en el agua y no salir durante horas.

Durante esos períodos de felicidad, el etorno normalmente determinaba la pérdida de visión del agua en cuanto había que moverse un poco. Pero este mes, en mi descubrimiento de la isla de La Palma estoy experimentando una nueva maravilla que hace que la relación cambie.

Me sorprendo tranquila y feliz sin tener que introducirme en el líquido mágico atacada por la ansiedad. El secreto: no perderlo de vista, tenerlo como fondo de escenario constantemente, estar en un espacio geográfico que permite ver el Mar quieras o no, situación ideal cuando siempre querrías verlo.

Aquí, como el reloj de pulsera en muchos casos (no el mío) que siempre esta ahí, presente en el rabillo del ojo para fijar la vista cuando se necesite, del mismo modo está el mar, mientras tecleas con una maravillosa red wi-fi o mientras cocinas, mientras cenas o te duchas, compras, paseas… o mientras duermes.

Su movimiento contunuo lamiendo la roca negra y brillante, la tierra verde, el Sol y el silencio, hacen que aquí parezca imposible ya no enfadarse, siquiera perturbarse.

2 Comentarios

  1. daniel

    Estuviste en La Palma y no me dijiste nada… ya arreglaremos cuentas… ¿A que es alucinante? La isla, la gente, todo…

  2. sergio

    Entonces ya debes comprender el desasosiego que nos invade a los isleños cuando pasamos más de tres días mar adentro. El mar es color, olor, brisa y punto de orientación (¿quién necesita Norte teniendo el mar como referencia?). La Palma conserva aún esa magia de “isla menor” que los tinerfeños y canariones añoramos muchas veces.

    Yo voy a pasar mis vacaciones de Semana Santa en el Hierro, otro paraíso en la tiera. No dejen de descubrirlo.