Sueño
Anoche, de forma muy responsable, me acosté prontito pues hoy me esperaba un dÃa duro lleno de trabajo, proyectos y viajes por la ciudad, hospital incluÃdo. Pero no mucho después me desperté, de nuevo con esa caÃda al vacÃo del estómago, esa angustia que parece viajar por las venas, el remolino que hace moverse las cosas dentro del cuerpo y no fuera. Es decir, noche movidita. La verdad es que después de caer rendida en la cama como si hubieran utilizado mi cuerpo de probeta, me levanté más bien por inercia a la hora de siempre, pero lavándome la cara me percaté de que a pesar de la tregua pactada en mi estómago, las piernas me temblaban un poco, levantaba el cepillo de dientes con dificultad y no me convenÃa comer ni beber nada, por lo que no podÃa esperar energÃa extra por esa vÃa. Asà que decidà guardar los sacrificios para una buena causa y me volvà a la cama. Estuvo muy bien porque recibà un nuevo mensaje en sueños: yo salÃa de mi casa con mi perrita (que normalmente vive con mis padres), Beki, a la que yo llamo Lupe, y cruzando la calle nos adentrábamos en un parque con restos de una gran nevada, aunque fuera del parque todo estaba seco. El parque estaba lleno de focas y leones marinos, se movÃan por todas partes, arrastrándose y metiéndose en las fuentes por turnos. De pronto comenzaron a aparecer pingüinos, miles y miles de ellos. Uno que parecÃa el jefe, se acercó y me habló. No sé lo que me dijo, pero después de la conversación habÃa comprendido que el parque nevado era una especie de nave, que lo que los pingüinos estaban haciendo era separarla de la superficie terrestre con sofisticadas máquinas para que quedara libre en una inminente y salvaje inundación. También comprendà que mi Lupe era en realidad un animal eléctrico. Pese a lo dramático de la situación, yo me sentÃa feliz y llena de esperanza, y lo recibÃa con toda naturalidad, como pasa tantas veces en los sueños. En cuanto a lo de Lupe, sinceramente no me extrañó demasiado, siempre fue una perra muy rara.


